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4.4.4. Pruebas geográficas de la evolución

Pruebas geográficas

Las encontramos repartidas por todo el planeta, y consisten en la existencia de grupos de especies más o menos parecidas, emparentadas, que habitan lugares relacionados entre sí por su proximidad, situación o características, como por ejemplo, un conjunto de islas, donde cada especie del grupo se ha adaptado a unas condiciones concretas. La prueba evolutiva aparece porque todas esas especies próximas provienen de una única especie antepasada que originó a todas las demás a medida que pequeños grupos de individuos se adaptaban a las condiciones de un lugar concreto, que eran diferentes a las de otros lugares.

Son ejemplos característicos de esto los pinzones de las islas Galápagos que fueron estudiados por Darwin, los Drepanidos, aves de las islas Hawaii, o las grandes aves no voladoras distribuidas por el hemisferio sur, los ñandúes sudamericanos, las avestruces africanas, el pájaro elefante de Madagascar (extinguido), el casuario y el emú australianos o el moa gigante de Nueva Zelanda (también extinguido).

El número de especies exclusivas de una zona es más alto cuanto más aislada está la zona. Este hecho no tendría explicación si las especies surgieran por creación; en cambio, la evolución sí lo explica, ya que cuanto más aisladas están las poblaciones más probabilidades tienen de evolucionar hacia formas diferentes.

Por ejemplo, Australia, que es un continente que se separó del resto de los continentes hace unos 70 millones de años, presenta unas especies de fauna y de flora muy distintas de las del resto de continentes. Allí hay mamíferos marsupiales (con marsupio o bolsa abdominal donde las crías completan el crecimiento), como el canguro y el koala, que no se han podido hallar en ningún otro lugar, y no existieron mamíferos con placenta (que permite el desarrollo completo de las crías en el útero) hasta que los llevó el ser humano. Esto se explica porque los mamíferos con placenta aparecieron en los otros continentes cuando ya se había separado el continente australiano. Al tener un sistema reproductivo más eficaz, fueron sustituyendo en estas zonas, a los mamíferos marsupiales, que solo pudieron sobrevivir en Australia.

Las grandes aves corredoras como el ñandú suramericano, el avestruz africano y el emú australiano son especies diferentes pero, a la vez, muy semejantes entre sí. Esta distribución se explica suponiendo que el antecesor común de estas aves vivía en el supercontinente que ocupaba el hemisferio sur. Al separarse los continentes, diferentes grupos de aves quedaron aislados y evolucionaron de forma independiente.

Lo mismo ocurrió con el camello y la llama, que han evolucionado a partir de un mismo antepasado, uno en Asia y la otra en América; y con el rinoceronte en África y el tapir en Asia, que también han surgido de un antepasado común.

 

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