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13.2.1. Mecanismos inespecíficos

Antes de que se active el sistema inmunitario por la invasión de agentes patógenos extraños al organismo, los seres vivos están protegidos por las defensas externas o barreras pasivas.

Defensas externas: las barreras primarias

Estas barreras tratan de impedir la penetración de los microbios de un modo pasivo. Existen cuatro tipos de defensas externas (físicas, mecánicas, químicas y microbiológicas) que pueden actuar conjuntamente.

Barreras físicas

Las barreras físicas son la piel y las mucosas que recubren el cuerpo y las cavidades de los aparatos que comunican con el exterior. Los microorganismos aprovechan la rotura de estas barreras (por heridas, ulceraciones,...) para penetrar en el interior del organismo.

La piel es la primera defensa del cuerpo ante la entrada de cualquier microorganismo. La piel es seca debido a la queratina, pero la piel no queratinizada como la de la boca, los orificios nasales o el ano, cambia de aspecto y se llama mucosa. Las células de mucosas secretan mucus y por están húmedas. El mucus fija e inmoviliza a muchos microorganismos, impidiendo que éstos penetren.

Barreras mecánicas

Las barreras mecánicas impiden de forma mecánica e inespecífica el paso de microorganismos. Son sistemas de expulsión que permiten el arrastre de los microorganismos y otras partículas extrañas para evitar que penetren en el organismo. Por ejemplo, los cilios de las células epiteliales de las vías respiratorias, cuyo movimiento elimina los microorganismos y otros elementos extraños existentes en el mucus que los cubre. También, el flujo de orina desde la vejiga urinaria hacia el exterior, las lágrimas, y el movimiento intestinal también favorecen el arrastre y la expulsión de microorganismos.

Barreras químicas

Algunas secreciones actúan como barrera química contra los gérmenes. Algunos ejemplos de este tipo de barreras son:

  • La saliva, lágrimas y mucosidad nasal producen la enzima lisozima, que destruye la pared bacteriana. De este modo, las aberturas naturales de nuestro cuerpo (boca, ojos y orificios nasales) que carecen de queratina y están recubiertas por mucosas, están protegidas.
  • La piel, además de impedir que penetren microorganismos entre sus células, contiene glándulas sebáceas que producen ácidos grasos y ácido láctico que hacen descender el pH, impidiendo que se desarrollen muchos microorganismos.
  • El estómago, con el ácido clorhídrico del jugo gástrico, protege el estómago de los microorganismos que pueden contener los alimentos.
  • El epitelio vaginal también produce secreciones ácidas que impiden el desarrollo de los microorganismos.

Barreras microbiológicas

La flora bacteriana que habita como comensal o en simbiosis en la piel y en los aparatos digestivo y urogenital, produce sustancias que impide la proliferación de microorganismos, además de competir con ellos por los nutrientes.

Defensas internas: las barreras secundarias

Si los microorganismos patógenos o cualquier otra sustancia extraña superan las barreras defensivas primarias y llegan al interior, se encuentran con los fagocitos, que forman la segunda barrera defensiva.

Estas barreras secundarias constituyen el sistema inmunitario innato, presente en todos los seres vivos, inespecífico, de respuesta rápida y no cuenta con memoria inmunológica.

Los fagocitos son células con capacidad fagocitaria no específica que, mediante pseudópodos, engloban microorganismos y células inservibles que digieren en sus lisosomas.

Existen dos tipos diferentes de fagocitos:

  • Los micrófagos o leucocitos neutrófilos son los fagocitos más abundantes. Llegan al lugar donde se ha producido la infección por diapédesis, a través de las paredes de los capilares sanguíneos hasta llegar a los tejidos y fagocitar a los microorganismos patógenos.
  • Los monocitos, un tipo de leucocitos que, tras pasar varios días en la sangre, se desplazan a diferentes tejidos (del hígado, bazo, pulmones, médula ósea,...) y se transforman macrófagos, células más grandes y con mayor capacidad fagocítica. Los macrófagos pueden desplazarse o permanecer fijos (si permanecen fijos se llaman histiocitos). Los macrófagos son los principales constituyentes del sistema reticuloendotelial.

Al producirse una herida, la piel se rompe y los microorganismos pueden acceder al interior del organismo. Las células segregan unas sustancias mediadoras de la inflamación que provocan la respuesta inflamatoria, que consiste en:

  • una vasodilatación: llega más sangre y, por tanto, más fagocitos a la zona infectada), y
  • una mayor permeabilidad de los capilares sanguíneos, pudiendo salir más plasma y células sanguíneas.

Esta respuesta inflamatoria causa un aumento de la temperatura en esa zona, enrojecimiento, hinchazón y dolor, por excitación de las terminaciones nerviosas.

Al fagocitar los gérmenes, muchos fagocitos mueren formando el “pus. El pus es un líquido espeso de color amarillento o blanquecino formado por una mezcla de suero, bacterias muertas y glóbulos blancos, muertos después de fagocitar grandes cantidades de bacterias, células dañadas y sustancias extrañas.

Cuando la infección es fuerte, se producen sustancias piretógenas que aumentan la temperatura corporal causando fiebre, favoreciendo el desplazamiento de los leucocitos y dificultando el desarrollo de las bacterias, por encontrarse a una temperatura superior a la óptima para su desarrollo.

 

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