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13.3.2. Concepto y naturaleza de los antígenos

Un antígeno es una sustancia que desencadena la formación de anticuerpos y puede causar una respuesta inmunitaria específica. La definición moderna abarca todas las sustancias que pueden ser reconocidas por el sistema inmunitario adaptativo, bien sean propias o ajenas.

Los antígenos son macromoléculas que se pueden encontrar libres o en la superficie celular del patógeno, generalmente proteínas (independientes o unidas a glúcidos o lípidos) y polisacáridos.

Para que el sistema inmunitario pueda desencadenar una respuesta, es necesario que los antígenos se unan a unos receptores antigénicos situados en la membrana plasmática de los linfocitos. Se unen por una zona del antígeno, denominada epítopo o determinante antigénico.

El antígeno es univalente cuando tiene un solo epítopo en su molécula y, por tanto, sólo puede unirse a él un anticuerpo, mientras que si es polivalente, presenta varios determinantes antigénicos.

Existen algunas moléculas de bajo peso molecular, extrañas al organismo, que no pueden provocar una respuesta inmunitaria, pero si se unen a una proteína transportadora, como la albúmina, estimula una respuesta inmunitaria, comportándose como antígenos. A estas moléculas se les llama haptenos.

Según el origen, los antígenos se clasifican en:

  • Heteroantígenos o xenoantígenos. Son moléculas que pertenecen a organismos de otra especie (microorganismos) distinta a la del receptor. Son moléculas situadas en las cápsidas o en las envueltas víricas, en las paredes bacterianas, en la superficie de las células o de moléculas segregadas por ellas, como las toxinas.
  • Isoantígenos. Son moléculas que pertenecen a otro individuo de la misma especie, como los antígenos de superficie de los glóbulos rojos que constituyen el sistema AB0.
  • Autoantígenos. Son macromoléculas del propio organismo que, de forma anómala, el sistema inmunitario reconoce como extrañas y considera, por tanto, como antígenos. Así, el sistema inmunológico actúa contra su propio organismo, en el fenómeno llamado autoinmunidad. No debería ocurrir, ya que el sistema inmunitario tiene la capacidad de reconocer las moléculas propias y diferenciarlas de las extrañas.

Cuando comemos, las proteínas son digeridas en el tubo digestivo y pasan a la sangre como aminoácidos sin producir ninguna reacción. Si entrasen por vía intravenosa directamente, con todas sus estructuras inalteradas, serían antígenos y provocarían la formación de anticuerpos.

 

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