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13.4.2. Respuesta inmune celular: los linfocitos T

Además de la respuesta inmune humoral con la acción de los anticuerpos sobre los antígenos, existe otro tipo de respuesta en la que no se producen anticuerpos. Se trata de la respuesta inmune celular o repuesta inmune mediada por células, que es un proceso muy eficaz para destruir:

  • Células extrañas procedentes de otro individuo distinto, aunque sea de la misma especie (por ejemplo, órganos trasplantados).
  • Células propias tumorales.
  • Células infectadas por virus.
  • Células que contienen microorganismos de crecimiento intracelular (como la bacteria de la tuberculosis).

Los linfocitos T, con la ayuda de los macrófagos, son los encargados de realizar la respuesta inmune celular.

Cuando un microorganismo ha penetrado en el ser vivo y es detectado, es fagocitado por un macrófago, que lo digiere y coloca algunos fragmentos del antígeno  (péptidos más sencillos) sobre su membrana, junto con sus antígenos de histocompatibilidad. A esta célula se le denomina célula presentadora de antígenos.

Después, intervendrán un tipo de linfocitos T, los linfocitos T auxiliares o colaboradores (TH), que reconocerán como propios los antígenos del MHC del macrófago (las dos células pertenecen al mismo individuo), y reconocerán el antígeno como extraño. Así se produce la activación de los linfocitos T auxiliares, que consiste en la formación de unas proteínas receptoras en su membrana, mediante las que se unen específicamente a los antígenos presentados.

Los macrófagos producen interleucina 1, que potencia la activación y proliferación de los linfocitos T auxiliares.

Cuando los linfocitos T auxiliares se activan, liberan interleucina 2, que produce una autoactivación de los propios linfocitos T auxiliares (más potente que la producida por la interleucina 1). Además, la interleucina 2 provoca la diferenciación y proliferación de varios tipos de linfocitos T (los citotóxicos y los supresores), así como la transformación de los linfocitos B en células plasmáticas productoras de anticuerpos.

Más tarde, se unen específicamente los linfocitos T citotóxicos (TC), mediante los receptores de su membrana, con los antígenos de las células diana, que son células del organismo que tienen, además de los antígenos del MHC, otros antígenos extraños (como ocurre en las células infectadas por virus), o antígenos anormales (en las células cancerosas).

Después de producirse la unión entre la célula diana y el linfocito TC, el linfocito segrega perforinas, unas proteínas que perforan la membrana celular, provocando la muerte de la célula diana.

Los linfocitos T supresores (TS) también intervienen, pero después de haber superado la infección, cuando el antígeno ya se ha eliminado y es necesario detener la respuesta inmunitaria. A veces, si la respuesta inmune es excesiva y peligrosa para el organismo, la atenúa.

Un tipo particular de linfocitos son las células asesinas o células NK ("natural killer"). Estas células, a diferencia de los linfocitos B y T, son más grandes, poseen gránulos citoplasmáticos y no reconocen el antígeno, por lo que tienen una actuación inespecífica. Se encargan de destruir células cancerosas o bien infectadas por virus.

 

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