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13.5.2. Inmunidad artificial

Este tipo de inmunidad se adquiere artificialmente mediante el uso de técnicas médicas. Puede ser, a su vez, pasiva o activa:

Inmunidad artificial pasiva: sueros

La inmunidad artificial pasiva consiste en la introducción en el organismo de anticuerpos sintetizados previamente por otro individuo. La sueroterapia consiste en introducir el antígeno correspondiente a un animal (normalmente se ha utilizado el caballo), que sintetiza los anticuerpos contra una enfermedad determinada. Tras la extracción de la sangre del animal se aíslan y purifican los anticuerpos que van a ser inyectados a la persona infectada. También se pueden extraer de la sangre de otra persona que ha superado la infección.

Algunas de las ventajas de la sueroterapia son:

  • Proporciona una protección inmediata (a las pocas horas de su inyección), mientras que las vacunas requieren varios días para producir resistencia.
  • Es útil en personas con deficiencias en su sistema inmunitario, ya que no es necesario que sinteticen sus propios anticuerpos.

Algunos de los inconvenientes de la sueroterapia son:

  • La inmunidad sólo dura unos meses, por lo que es una duración limitada, que termina cuando los anticuerpos administrados desaparecen.
  • Cuando los anticuerpos proceden del suero de un animal se pueden producir reacciones de rechazo contra éste, por lo que actualmente se emplean anticuerpos monoclonales obtenidos por Biotecnología.

La sueroterapia se usa con fines curativos. Existen sueros contra enfermedades infecciosas que se desarrollan con rapidez, como el tétano, la rabia y la difteria.

Inmunidad artificial activa: vacunas

La inmunidad artificial activa se consigue con la vacunación, que consiste en introducir gérmenes muertos o atenuados, incapaces de desarrollar la enfermedad, pero que son portadores de los antígenos específicos. Entonces, el organismo responde fabricando anticuerpos (respuesta primaria) y queda inmunizado contra la enfermedad, ya que, cuando se produzca un nuevo contacto con el antígeno, se desencadenará la respuesta secundaria, por lo que no se producirá la infección.

La duración de esta inmunidad puede ser para toda la vida o bien temporal.

La finalidad de la vacunación no es curar, sino la de prevenir una enfermedad, ya que el efecto de las vacunas se produce unos días después, cuando el organismo fabrica los anticuerpos.

Las vacunas son un buen método para luchar contra las enfermedades infecciosas, siendo erradicadas algunas de ellas, como la viruela. Pero no siempre se pueden obtener las vacunas adecuadas. Actualmente se está investigando para producir vacunas contra el VIH o contra el virus de la hepatitis C, pero los genomas de estos virus tienen una alta tasa de mutación y todavía no se han conseguido producir.

Tipos de vacunas

Se distinguen varios tipos de vacunas, según el origen y la naturaleza de los antígenos:

  • Vacunas atenuadas. Estas vacunas tienen microorganismos vivos, pero muy debilitados, por lo que se reproducen en el individuo inoculado pero causando una infección muy pequeña. El organismo no tiene problemas para desactivar esa infección, ya que genera gran cantidad de anticuerpos y linfocitos B de memoria, lo que le proporciona una inmunidad de larga duración. Ejemplos de vacunas atenuadas son la de la poliomielitis, el sarampión y la rubéola.
  • Vacunas inactivadas. En estas vacunas, los microorganismos inoculados están muertos, por lo que no pueden reproducirse en el organismo. La respuesta del sistema inmunológico es más débil que en el caso de las vacunas  atenuadas, por lo que es necesario otras dosis adicionales, de recuerdo, para estimular los linfocitos B de memoria y mantener la inmunidad. La inactivación de los microorganismos se producen con productos químicos, como el formol, o con la aplicación de calor o radiación. Son ejemplos de este tipo de vacuna, la de la rabia, la fiebre tifoidea, la tos ferina y la difteria.
  • Vacunas acelulares. En lugar de contener microbios, debilitados o muertos, tienen sólo productos o partes de los microorganismos, con los antígenos que más estimulan el sistema inmunitario. Se distinguen:
    • Toxoides. Son toxinas bacterianas alteradas (inactivadas o no tóxicas) por efecto del calor o de agentes químicos, pero que conservan la capacidad de estimular la producción de anticuerpos. Vacunas de este tipo son la antitetánica y la antidiftérica.
    • Antígenos aislados. En ocasiones, simplemente una proteína de la cubierta vírica (que actúa como determinante antigénico) es capaz de provocar una respuesta inmune.

 

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