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6.3.2.4.1. Enfermedades de los huesos

Enfermedades de los huesos

Algunas de las enfermedades que afectan a los huesos más frecuentes son:

Osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad del sistema esquelético que se caracteriza por la disminución de la masa ósea, lo cual debilita la estructura de los huesos y aumenta el riesgo de fracturas. Esta enfermedad generalmente se atribuye a la deficiencia de calcio, que puede ser causada por una dieta pobre en este mineral, una absorción intestinal deficiente o dificultades en su deposición en los huesos. Los cambios hormonales que ocurren durante la menopausia son una de las causas frecuentes de la osteoporosis. Durante este período, la disminución de los niveles de estrógeno puede acelerar la pérdida de masa ósea, aumentando así el riesgo de fracturas.

Osteoporosis

BruceBlaus, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Vídeo: Osteoporosis (5:15 minutos). Nucleus Health Videos.

Enfermedad de Paget

La enfermedad de Paget es una enfermedad crónica del sistema esquelético que afecta la renovación ósea, resultando en la formación anormal de hueso. Puede afectar uno o varios huesos del cuerpo y conducir a deformidades óseas, fracturas y dolor.

Osteocondritis

La osteocondritis es una enfermedad del sistema esquelético en la que se produce inflamación del cartílago y del hueso subyacente en una articulación. Puede afectar diversas articulaciones del cuerpo y causar dolor, hinchazón y limitación del movimiento en la zona afectada.

Osteomielitis

La osteomielitis es una infección ósea del sistema esquelético, generalmente causada por bacterias, aunque también puede ser causada por hongos u otros microorganismos. Puede resultar en inflamación, dolor, enrojecimiento y daño al tejido óseo.

Tumores óseos

Los tumores óseos pueden ser de origen primario, cuando se originan directamente en el hueso, y pueden ser benignos o malignos. También pueden ser secundarios, o metastásicos, cuando se producen como resultado de la propagación de células tumorales desde otros tejidos. Estas células tumorales llegan al hueso a través del torrente sanguíneo en forma de pequeños émbolos que se forman en los capilares, donde el flujo sanguíneo es más estrecho. Una vez allí, las células comienzan a desarrollarse y crecer, formando el tumor secundario.

Los tumores óseos secundarios debilitan la estructura del hueso y pueden provocar fracturas patológicas. A menudo, se descubre la existencia del tumor a través de estas fracturas. Es importante destacar que los tumores óseos malignos pueden tener un impacto significativo en la salud y la calidad de vida de los pacientes, y requieren un diagnóstico y tratamiento adecuados.

 Algunos ejemplos incluyen el osteosarcoma, el condrosarcoma y el sarcoma de Ewing.

Raquitismo

El raquitismo es una enfermedad del organismo que se caracteriza por los trastornos que afectan a los huesos durante el período de crecimiento. El tejido osteoide, que es la matriz del hueso, no se mineraliza adecuadamente debido a un déficit de vitamina D. Esta deficiencia de vitamina D altera el metabolismo del calcio y del fósforo, dificultando su absorción y fijación en el hueso. Como resultado, se produce una mineralización insuficiente y se desarrollan deformidades óseas.

El raquitismo es más común en la infancia, cuando los huesos están en pleno crecimiento. Los niños afectados pueden presentar diversas manifestaciones clínicas, como debilidad ósea, retraso en el crecimiento, deformidades esqueléticas y dificultades en la movilidad. Algunos de los síntomas más evidentes incluyen piernas arqueadas, deformidades en la columna vertebral (como la escoliosis) y deformidades en los huesos del cráneo.

La vitamina D desempeña un papel crucial en la absorción y utilización del calcio y el fósforo en el organismo. La principal fuente de vitamina D es la exposición a la luz solar, pero también se encuentra en ciertos alimentos, como pescados grasos, y puede ser suplementada en forma de medicamentos. Por lo tanto, una dieta equilibrada y una adecuada exposición al sol son factores importantes para prevenir y tratar el raquitismo.

Contusiones óseas

Las contusiones óseas son lesiones dolorosas que ocurren cuando se produce un impacto directo en el hueso. Son especialmente comunes en la parte anterior de la pierna, donde la tibia se encuentra cerca de la superficie de la piel, y en la cabeza. El dolor en estas lesiones está causado por la contusión del periostio, una capa altamente inervada y sensible que recubre el hueso. Además, los vasos sanguíneos subcutáneos se rompen durante el golpe, lo que da lugar a la formación de un hematoma que separa la piel del hueso.

En los casos en los que no se producen lesiones en los vasos del periostio, el dolor puede ser intenso pero tiende a desaparecer en pocos minutos sin dejar secuelas. En estos casos, se recomienda aplicar rápidamente compresas frías o utilizar un apósito frío para enfriar la zona afectada. Esto puede ayudar a aliviar el dolor y reducir la inflamación.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las contusiones óseas pueden variar en su gravedad. En casos más graves, puede producirse una fractura o lesiones en los vasos sanguíneos del periostio, lo que puede requerir atención médica adicional. Si el dolor persiste, se presenta una deformidad o hay dificultad para mover la extremidad afectada, se debe buscar atención médica para evaluar la lesión y determinar el tratamiento adecuado.

En general, el tratamiento de las contusiones óseas incluye descanso, aplicación de frío, elevación de la extremidad y uso de analgésicos para aliviar el dolor. En algunos casos, se puede recomendar el uso de vendajes o dispositivos de inmovilización para estabilizar el área lesionada y promover la curación adecuada.

Es importante tener precaución y evitar situaciones que puedan provocar contusiones óseas. El uso de equipos de protección adecuados, como cascos y protectores de extremidades, puede ayudar a prevenir estas lesiones en actividades deportivas o situaciones de riesgo.

Lesiones óseas

Las lesiones óseas afectan a los huesos y se dividen en dos tipos principales:

  • Fisuras: Son grietas que se producen en los huesos sin llegar a romperlos por completo.

  • Fracturas: Se trata de una rotura total del hueso. Las fracturas pueden ser internas, cuando el hueso roto no rompe la piel y queda en el interior del cuerpo, o externas, cuando hay una ruptura de la piel y el hueso queda expuesto.

Estas lesiones pueden ser causadas por un choque violento, un golpe o debido a condiciones como la osteoporosis.

En la adolescencia, las fracturas más frecuentes suelen ocurrir en la muñeca, los dedos, el tobillo, el codo o la pierna. Esto se debe en parte a la falta de calcio en los huesos durante la etapa de crecimiento, que puede ser resultado de una mala alimentación.

Cuando se produce una fractura, se interrumpe la continuidad del hueso debido a un traumatismo. Dependiendo del mecanismo de producción, las fracturas pueden ser:

  • Fracturas por traumatismo directo: Ocurren en el mismo lugar donde actúa la fuerza o el objeto que causa el traumatismo, como un proyectil, una patada, un golpe o un aplastamiento por peso.

  • Fracturas por traumatismo indirecto: La fractura se produce a cierta distancia del lugar del traumatismo. Un ejemplo de esto sería una caída sobre el brazo que provoca una fractura de la clavícula.

Las fracturas pueden presentar los siguientes síntomas:

  • Antecedente del traumatismo. En la mayoría de los casos, el evento traumático es evidente.
  • Dolor, que siempre está presente y en ocasiones puede ser el único síntoma.
  • Impotencia funcional o incapacidad para realizar movimientos habituales.
  • Equimosis, que son manchas azuladas causadas por la acumulación de sangre en el área afectada.
  • Deformación de la zona lesionada, debido a la deformidad ósea y la inflamación.
  • Movilidad anormal.

El tratamiento para las fracturas se basa en dos principios básicos:

  • Reducción: Es necesario corregir cualquier desviación en la posición de los fragmentos óseos, como angulaciones o rotaciones. En muchos casos, se requiere anestesia y en algunos casos, puede ser necesario realizar una intervención quirúrgica para fijar la fractura.

  • Inmovilización: Se debe mantener una inmovilización total y prolongada del hueso fracturado. El método más comúnmente utilizado es el vendaje con escayola, aunque en algunos casos puede ser necesaria la utilización de materiales de fijación mediante osteosíntesis.

Vista interna y externa de un brazo con una fractura compuesta, antes y después de cirugía.

Sjbrown at English Wikipedia, Public domain, via Wikimedia Commons


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