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6.1.9. Receptores sensoriales

Receptores sensoriales

Los receptores sensoriales son células especializadas capaces de captar estímulos internos o externos y generar impulsos nerviosos como respuesta. Estas terminaciones nerviosas transforman señales físicas o químicas en señales eléctricas a través de un proceso llamado transducción de señal, convirtiendo así la energía física en un potencial eléctrico. Los impulsos generados en los receptores son transportados al sistema nervioso central y procesados en distintas áreas de la corteza cerebral, proporcionando al individuo información sobre las condiciones ambientales y detectando el adecuado funcionamiento de los órganos internos. Es decir, los receptores sensoriales son responsables de traducir los estímulos del entorno en impulsos eléctricos que el cerebro puede entender y procesar.

Cada tipo de receptor está especializado para captar un estímulo específico. Por ejemplo, los receptores visuales de los ojos son sensibles a la luz, mientras que los receptores auditivos de los oídos detectan el sonido. A pesar de esto, los receptores pueden a veces responder a estímulos inapropiados, y es interesante que el receptor responda como si fuera el estímulo que está preparado para recibir. Por ejemplo, un golpe en el ojo puede causar sensaciones luminosas y una presión en el oído puede provocar zumbidos.

Para que un receptor pueda captar un estímulo, se requiere que el estímulo tenga una intensidad mínima o umbral. Si la intensidad supera este umbral, el receptor puede recoger y transmitir el estímulo. Sin embargo, hay un límite máximo de intensidad que puede dañar al receptor y hacer que deje de funcionar normalmente.

Los receptores pueden estar en la parte externa del cuerpo o en los órganos internos. Los primeros, llamados exteroceptores, recogen información del entorno externo del organismo, y entre ellos se incluyen los órganos de los sentidos. Los segundos, llamados interoceptores, detectan los estímulos que provienen del interior del cuerpo, como la sensación de hambre o los dolores viscerales.

En el proceso de percepción de las sensaciones, es posible distinguir diversos elementos clave que intervienen en el proceso:

  1. Estímulo o excitante: es el factor que desencadena la percepción de la sensación. Puede ser cualquier cosa que actúe sobre los receptores sensoriales, como la luz, el sonido, el calor, el frío, la presión, etc.

  2. Receptor que capta el estímulo: existen distintos tipos de receptores sensoriales en el cuerpo humano, cada uno especializado en detectar un tipo de estímulo. Los principales tipos son:

  • Mecanorreceptores: se activan por la deformación mecánica del receptor o de las células vecinas. Por ejemplo, los barorreceptores de los senos carotídeos y aórticos (que detectan la presión arterial), los receptores vestibulares (que detectan el equilibrio), los receptores de la cóclea (que detectan el sonido), y los receptores táctiles de la piel.

  • Termorreceptores: se activan por los cambios de temperatura, y están presentes en terminaciones nerviosas libres de la piel. Pueden detectar tanto el calor como el frío.

  • Nociceptores: se activan por la lesión física o química de los tejidos, y son responsables de la percepción del dolor, de origen mecánico o térmico. También se encuentran en terminaciones nerviosas libres.

  • Fotorreceptores o receptores electromagnéticos: se activan por la luz, y son responsables de la percepción visual. Los principales tipos de fotorreceptores son los conos y bastones de la retina del ojo.

  • Quimiorreceptores: se activan por los cambios químicos en el ambiente interno o externo del cuerpo. Algunos ejemplos de quimiorreceptores son:

    • Quimiorreceptores que detectan estímulos externos:
      • Los botones gustativos de la lengua, que detectan los sabores. El sentido del gusto está localizado, principalmente, en la lengua.

      • Los receptores olfativos de la nariz, que detectan los olores. El sentido del olfato está localizado en la mucosa nasal. Cuando algunas sustancias químicas volátiles del aire son detectadas por los receptores, se produce un impulso nervioso que se transmite hacia el cerebro.

    • Quimiorreceptores que detectan estímulos internos:

      • Por ejemplo, los receptores de glucosa en sangre que están en los vasos sanguíneos o los receptores que detectan la concentración de CO2 y O2 en la sangre (en el bulbo raquídeo y en los cuerpos carotídeos y aórticos), que según su localización pueden ser:
        • Centrales. En el bulbo raquídeo, pueden detectar las variaciones de pH que se producen en el líquido cefalorraquídeo como resultado de las variaciones de concentración de CO2 en las arterias. Si aumenta el CO2, se produce el descenso de pH y el bulbo raquídeo hace que aumente el ritmo respiratorio (hiperventilacion).
        • Periféricos. Están localizados en el cayado aórtico y en el seno carotídeo, y son capaces de detectar los cambios de presión de O2 y de CO2, y del pH.
  1. Transmisor o nervio sensitivo: una vez que el receptor ha captado el estímulo, se genera una corriente eléctrica local que se transmite a través de los nervios sensitivos.

  2. Centro cerebral donde la impresión producida por el estímulo se transforma en sensación o percepción: la información transmitida por los nervios sensitivos llega finalmente al cerebro, donde se procesa y se transforma en la percepción consciente de la sensación.

Cada tipo de sensación se denomina modalidad sensorial, que depende de la región del sistema nervioso estimulada, y no del estímulo en sí mismo, que se transmite como impulso nervioso indiferenciado. Es importante señalar que cuando el estímulo actúa sobre el receptor, desencadena una corriente eléctrica local que puede modificar la fibra nerviosa (potencial generador) o las células receptoras específicas (potencial de receptor), lo que a su vez desencadena un potencial generador en la fibra nerviosa vecina. La diferenciación entre ambos potenciales puede ser difícil, por lo que a veces se consideran sinónimos.

La relación entre la intensidad del estímulo y el potencial generador se caracteriza por una fuerte correlación al principio, pero disminuye progresivamente a medida que el estímulo aumenta, mostrando una curva sigmoidal suave. Además, se observa el fenómeno de adaptación, en el que la respuesta disminuye progresivamente cuando el estímulo se mantiene de manera continua. Algunos receptores muestran una adaptación mínima (tónicos), mientras que otros se adaptan rápidamente (fásicos).


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