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5.4.4. Enfermedades del aparato excretor

Enfermedades del aparato excretor

Las principales enfermedades del aparato urinario son:


Cálculos renales

Los cálculos renales, también conocidos como "piedras en el riñón", son trozos sólidos compuestos de sales de fosfato y carbonato cálcico o de ácido úrico que se forman en el riñón a partir de sustancias presentes en la orina. Esta enfermedad, conocida como nefrolitiasis o litiasis renal, puede causar dolorosos cólicos nefríticos cuando los cálculos salen del riñón y pasan a las vías urinarias. Es una enfermedad muy común que afecta a más del 10% de la población.

Se forman por la precipitación de algunas sales que estaban disueltas en la orina y se producen cuando la concentración en la orina es muy elevada. Son masas sólidas compuestas de pequeños cristales y pueden presentarse uno o más cálculos al mismo tiempo en el riñón o en el uréter.

Los cálculos renales son más comunes en hombres y en personas con mucha exposición al calor, ya que sudan mucho y pierden agua. Algunos tipos son hereditarios y son frecuentes en bebés prematuros.

Cuando el tamaño de un cálculo es pequeño, puede ser expulsado a través de las vías urinarias sin causar síntomas. Sin embargo, si el cálculo crece y llega a ser mayor de 5 milímetros, puede causar un bloqueo del uréter y causar dolor intenso en la parte inferior de la espalda o el abdomen, sangre en la orina, vómitos o dolor al orinar. Además, las personas que han sufrido de un cálculo renal tienen un riesgo elevado de tener otro en los próximos diez años.

Los cálculos renales se forman debido a una combinación de factores genéticos y ambientales, como niveles altos de calcio en la orina, obesidad, ciertos alimentos, algunos medicamentos, hiperparatiroidismo, gota y la ingestión insuficiente de líquidos. Para prevenir la formación de cálculos renales, es importante beber suficiente agua para mantener una orina diluida y evitar los factores de riesgo.

Cálculos renales

Modificado de BruceBlaus, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons


Cistitis

La cistitis es una infección de la vejiga urinaria que se caracteriza por la inflamación de la misma. Puede manifestarse con síntomas como deseos frecuentes de micción, dolor y escozor al orinar. Las bacterias que llegan a la vejiga son eliminadas durante la micción, pero si no es así, causan la infección.

La cistitis es más común en mujeres debido a que tienen la uretra más corta y cercana al ano, y en hombres mayores con problemas de agrandamiento de próstata que dificulta la micción. Puede tener distintas causas, siendo la más frecuente la infección por bacterias gram negativas, especialmente Escherichia coli.

Los síntomas más comunes son: aumento en la frecuencia de las micciones (poliuria), dolor intenso en la región suprapúbica (encima de la vejiga), disuria (ardor y dificultad al orinar), fiebre, orina turbia y con mal olor. En niños y personas mayores, los síntomas pueden manifestarse de forma diferente. Los niños suelen padecer debilidad general, irritabilidad, falta de apetito, vómitos, mientras en las personas mayores los síntomas se pueden complicar con confusión, fiebre y caídas.

    Existen diferentes tipos de cistitis, como la cistitis bacteriana aguda, la cistitis tuberculosa, la cistitis química, la cistitis rádica (por secuelas crónicas de tratamientos con radioterapia), la cistitis glandular e intersticial. El tratamiento dependerá de la causa y debe ser guiado por un profesional de la salud.

    Los factores de riesgo incluyen uso de diafragma como anticonceptivo, menopausia, embarazo, diabetes, próstata agrandada, incontinencia intestinal, edad avanzada, procedimientos en las vías urinarias y permanecer inmóvil por un período prolongado. Además, personas que usan sondas vesicales, tienen bloqueo de la vejiga o uretra, tienen problemas para vaciar completamente la vejiga, entre otros, también tienen un mayor riesgo de padecer cistitis.

    La prevención de la cistitis incluye practicar una buena higiene personal, vaciar completamente la vejiga al orinar, evitar retener orina por largos períodos de tiempo, y beber suficiente cantidad de líquidos.

    Cistitis

    BruceBlaus, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons


    Nefritis

    La nefritis es una enfermedad inflamatoria que afecta a los riñones y su capacidad para funcionar correctamente.

    La nefritis puede ser aguda o crónica y tiene una variedad de causas, como infecciones, enfermedades autoinmunes, medicamentos y toxicidad.

    • La nefritis aguda se caracteriza por una rápida y repentina disminución de la función renal. Los síntomas incluyen dolor lumbar, fiebre, náuseas, vómitos, orina oscura y aumento en la frecuencia de orinar.
    • La nefritis crónica, por otro lado, se desarrolla gradualmente y puede no presentar síntomas evidentes hasta que la función renal se vea seriamente afectada.

    La nefritis intersticial, también conocida como nefritis tubulointersticial, es una forma común de nefritis crónica. Se caracteriza por daño a los túbulos renales, lo que puede causar una disminución en la capacidad del riñón para filtrar y eliminar desechos y líquidos del cuerpo.

    La glomerulonefritis consiste en una inflamación de los glomérulos renales.

    La nefritis puede ser causada por una variedad de factores, incluyendo infecciones bacterianas o virales, enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico (nefritis lúpica), medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos, y la exposición a sustancias tóxicas. El diagnóstico se basa en los síntomas, los hallazgos encontrados en el examen físico, la historia médica del paciente y los resultados de pruebas de laboratorio como la creatinina y el ácido úrico en la orina, y la creatinina en sangre.

    El tratamiento de la nefritis varía dependiendo de la causa que la haya producido.

    • En casos de infección, se prescribe antibióticos para eliminar la infección.
    • En casos de enfermedad autoinmune, se utilizan medicamentos inmunosupresores para reducir la inflamación y evitar daño adicional al riñón.
    • En casos de nefritis por medicamentos, se interrumpe el medicamento y se busca un tratamiento alternativo.


    Insuficiencia renal

    La insuficiencia renal o fallo renal se produce cuando los riñones no son capaces de filtrar adecuadamente los desechos y los líquidos del cuerpo. Disminuye el flujo plasmático renal, lo que se refleja en una concentración elevada de creatinina en la sangre.

    Esto puede ocurrir debido a varias causas, como enfermedad renal crónica, enfermedades del sistema urinario, enfermedades del sistema cardiovascular, diabetes y hipertensión.

    Los síntomas de la insuficiencia renal incluyen disminución del volumen de orina excretado (diuresis), dolor lumbar, retención de líquido que produce hinchazón en piernas, tobillos o pies, pérdida de apetito, debilidad y cansancio. Si no se trata, la insuficiencia renal puede llevar a complicaciones graves, como enfermedad cardíaca, problemas neurológicos y fallo renal.

    El tratamiento de la insuficiencia renal depende de la causa la causa que la produce y puede incluir cambios en la dieta, medicamentos para controlar la presión arterial y la diabetes, y terapia de diálisis o trasplante renal en casos graves. Es importante detectar y tratar la insuficiencia renal tempranamente para prevenir complicaciones graves.

    La diálisis

    Cuando los riñones no realizan correctamente su labor, la diálisis (hemodiálisis) permite eliminar de la sangre las sustancias de desecho y que el enfermo pueda seguir viviendo.

    La hemodiálisis es un tratamiento que se utiliza para eliminar los desechos y el exceso de líquidos del cuerpo en personas con insuficiencia renal. Consiste en la filtración de la sangre a través de una máquina que actúa como un riñón artificial.

    Durante la hemodiálisis, un tubo se inserta en una vena en el brazo o la pierna del paciente y se conecta a la máquina de diálisis. La sangre del paciente se bombea a través de la máquina y se pone en contacto, a través de una membrana semipermeable, porosa, con una solución dializadora de composición similar a la del plasma sanguíneo. Por esta membrana pasarán las moléculas pequeñas, y se eliminará el agua, urea, sales minerales, etc., que no pueden ser filtradas por el riñón de un modo natural, eliminándose los desechos y el exceso de líquidos. Después, la sangre limpia se devuelve al cuerpo del paciente.

    La hemodiálisis se realiza en un centro de diálisis bajo la supervisión de un personal médico altamente capacitado. La sesión de hemodiálisis puede durar de 3 a 4 horas y se realiza varias veces a la semana, dependiendo del paciente.

    La hemodiálisis es un tratamiento eficaz para la insuficiencia renal y puede ayudar a controlar los síntomas, mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones graves. Sin embargo, puede tener algunos efectos secundarios como cansancio, dolor y cambios en el estado de ánimo, también puede requerir una hospitalización prolongada y tiempo para adaptarse al tratamiento.

    Imagen en la que se explica cómo se realiza la hemodiálisis

    Inkscape, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons

    Trasplante renal

    Un trasplante renal es necesario cuando los riñones ya no son capaces de funcionar adecuadamente debido a una enfermedad renal crónica o a una insuficiencia renal extrema. En este caso, la mejor solución que permita al enfermo tener una vida con calidad es el trasplante renal, que consiste en colocar un riñón sano en el cuerpo del paciente para que cumpla con las funciones que no desempeñan sus riñones.

    El proceso de trasplante renal comienza con una evaluación del paciente para determinar si es un buen candidato para el trasplante. Se evalúan factores como la salud general del paciente, su edad, su estado mental y su capacidad para cumplir con las restricciones postoperatorias.

    Una vez que se determina que un paciente es un buen candidato para el trasplante renal, se le inscribe en una lista de espera para un trasplante. El tiempo de espera puede variar dependiendo de la disponibilidad de un riñón adecuado y de la compatibilidad del paciente con el donante.

    Cuando un riñón adecuado está disponible, se lleva a cabo la cirugía de trasplante renal. El riñón trasplantado se coloca en la parte inferior del abdomen, conectado al uréter, a la arteria renal y vena renal. Comenzará a producir orina cuando la sangre fluya a través de él.

    Después del trasplante, el paciente debe seguir un régimen de medicamentos inmunosupresores para evitar que se produzca rechazo el riñón trasplantado. Además, es importante seguir una dieta y un programa de ejercicios específicos para ayudar a mantener la salud del riñón trasplantado.

    Los donantes de estos riñones pueden ser personas fallecidas, pero también pueden ser familiares vivos, siempre que sean compatibles, ya que se puede tener una vida normal con un solo riñón.

    Trasplante de un riñón

    Basado en By BruceBlaus (Own work) [CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons